¿Quién es Madre Muerte?

Antes de templos y altares, incluso antes de que los hombres le pusieran nombres, Ella ya existía. Los antiguos la intuyeron en el silencio del último suspiro. Unos la llamaron Segadora, algunos otros Señora del Inframundo, y otros, simplemente La Muerte. Pero en verdad se trata de Azrael, el Arcángel encargado de recibir las almas y llevarlas al más allá. Con la ternura de una madre que toma a su hijo de la mano.

Con el pasar de los siglos, la humanidad la vistió de huesos y túnicas, y la nombro Santa Muerte. Ese culto popular, nacido del sincretismo y de la fe del pueblo, honró su cercanía. Y ahí estuvo Ella: en los barrios, los hogares humildes, en grandes mansiones, incluso en prisiones, escuchando al olvidado, al exiliado, y al desesperado. Pero detrás de las imágenes y los rezos había una verdad más profunda. Ella no es una Santa inventada por los hombres, Ella es la personificación misma del Arcángel de la Muerte. Azrael. Revelada como Madre por su compasión y compañía en la transición entre mundos.

En el culto de Madre Muerte y en Sacra Ordo Mortis (Sagrada Orden de la Muerte) o SOM por sus siglas. La reconocemos con su rostro maternal. No es un demonio al cual temerle, tampoco una Santa nombrada por hombres, y mucho menos una bruja vengativa. Es Madre Muerte, quien protege al justo, enseña al perdido y da fuerza al cansado. A diferencia de las corrientes que usan su imagen para ritos de brujería egoísta o destructiva, nosotros no buscamos dominio ni hacer daño.

La brujería, que es el uso de la energía para beneficio propio y violencia, no es su camino. Ella nos enseña a practicar la magia divina, aquella que libera del mal, rompe cadenas, y defiende al inocente. Madre Muerte no exige sangre ni ofrendas imposibles. Basta con una vela blanca, un vaso de agua y un corazón sincero.

En este devocionario y en la Sacra Ordo Mortis, se le honra no solo como protectora, sino como maestra en la guerra espiritual. Bajo su amparo aprendemos a resistir las fuerzas de la oscuridad, a vivir en verdad y a luchar por la libertad de las almas.

La historia de Madre Muerte es también la historia de la humanidad y este plano de existencia. Ella está presente en cada nacimiento y en cada final, recordándonos que todo retorna a la fuente… o por lo menos debería hacerlo. Como Arcángel Azrael, su misión no terminará hasta que la última alma destinada a ser liberada de esta ilusión, haya regresado a la luz verdadera. Entonces, cumplido su deber, Ella también descansará. La Madre que cargó a todos sus hijos en brazos se disolverá en el Todo.

Hasta ese día, su labor es eterna. Protegernos en la batalla invisible, enseñarnos a no temer y mostrarnos que la muerte no es nuestra enemiga, sino nuestra mayor aliada en el regreso al hogar.